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Este 14 de enero de 2016 se cumple 160 visitas a Barquisimeto

La Procesión de Barquisimeto

En los últimos años la procesión del 14 de Enero se ha convertido en una concentración multitudinaria, nunca vista en acontecimientos similares en el territorio nacional. Cálculos conservadores han estimado que la concurrencia en las últimas procesiones se aproxima a tres millones de personas. Viene gente de afuera porque la ocasión es propicia para el reencuentro y los visitantes a los amigos.

En los hogares se organizan comidas en los que las madres e hijas muestran sus destrezas en la elaboración de exquisitos platos regionales y en las noches las reuniones son propicias para conversar acerca de los incidentes ocurridos durante ese día de fiesta y alegría para la gran familia barquisimetana.

Los preparativos comienzan semanas antes. Defensa civil, 3ª Brigada de Infantería, la Gobernación, la Alcaldía, el Párroco de Santa Rosa, pendiente de los más pequeños detalles, el Obispo y los demás dignatarios de la Diócesis, realizan un operativo conjunto. El guardian, una figura secular cuyo origen se remonta a fines del siglo pasado, y que se ocupaba de atender todo lo relativo a la procesión y al cuidado de la imagen, hoy,  y sobre él recaen la responsabilidad de que la imagen llegue incólume a la catedral.

El primer anuncio es la ruta. Los periódicos informan con antelación suficiente el trayecto que seguirá la imagen por las carreras y calles hacía la catedral. Las misas, los actos escleciáticos, la enseñanza mariana, la distribución de las obligaciones, las reuniones previas, entre el clero, civiles, militares y los representantes del gobierno, se prestan a una dinámica cuyo objetivo es tomar todas las previsiones para asegurar el éxito de la procesión.

El 14 de Enero en Barquisimeto es un día feriado, cierran los bancos y los comercios, las familias reunidas en las casas se ponen de acuerdo a cerca de la mejor ubicación para encontrar a la virgen, la esquina más cercana, el otro lado de la calle, la casa de un pariente o amigo que este situada próxima a la ruta, puede ser el sitio indicado para comunicarse con ella en un recato intimo de entrega afectiva.

Días antes de la procesión, Santa Rosa se engalana y se remoza. Limpian las aceras, pintan las fachadas, acomodan la plaza. El pueblo es anfitrión de una multitud llena de colorido que comparte un objetivo común: esperar a la virgen para verla desplazarse en hombros fuera del recinto de la iglesia y acompañarla caminando en las calles, como hace casi tres siglos, en Sevilla, la virgen en su advocación de pastora se diera a conocer por primera vez ante una feligresía que no salía de su asombro por la belleza de la representación. Hoy en el pueblo de Santa Rosa es la ruta hacía Barquisimeto, en la procesión del 14, la virgen pastora es hermoseada por los representantes con sus comentarios. Ella es bondad, es amor, es la madre de todos. Se le habla como si fuera persona, se le pide como si fuera familia. Esa virgen, pastora de almas es el pueblo. Es pobre y rica, no hay distinción de clases sociales, de posición política o económica o de color de piel para ser su devoto. La muchedumbre que rodea la imagen el 14 de Enero iguala a sus integrantes en un solo símbolo: Divina Pastora, madre de dios y madre nuestra.

La primera parada de la virgen es ante la Cruz Salvadora en la Plaza Macario Yépez
La primera parada de la virgen es ante la Cruz Salvadora en la Plaza Macario Yépez

Una semana antes tienen lugar los bautizos, las confesiones y se cumplen las promesas. La imagen rodeada de flores, es colocada en unas de las naves laterales después de haber sido bajada del nicho central del altar mayor, donde regularmente recibe los devotos que a diario acuden a saludarla y a invocarla para que los ayuden en sus necesidades y sufrimiento.

Cerca de la gente, la virgen reposa en un trono que luego servirá para transportarla durante la procesión. Ante ella desfilan madres con sus hijos de todas las edades, mujeres embarazadas y centenares de personas que le traen ex -votos,  en una manifestación popular cargada de sentimientos.

Entre tanto, alrededor la plaza, se van apostando vendedores ambulantes de golosinas, refrescos, cotufas, pollos asados, empanadas, arepas, parrillas con hayaquitas sazonadas con mojos elaborado de sueropicante. Antes, como no había acueductos, se conseguía poco agua y los habitantes mitigaban el hambre y la sed en medio de un calor sofocante comiendo las celebres limazas de Santa Rosa, la fruta fresca y jugosa se cultivaba en los campos de los alrededores y era vendida con gran éxito ese día.

Entre la gente congregada en la plaza, se establecen algunos artesanos que comercian con imágenes, recuerdos, estampas, milagritos y otras menudencias del imaginaría popular. El ambiente es amable y cordial. Junto al sonido de campanas que anuncian los diferentes actos, el murmullo de las conversaciones y canciones apacigua la inquietud de los niños que juegan correteando en la plaza.

La misa a ultima hora de la tarde esta concurrida, la gente no cabe en el pueblo. Se avecina el momento culminante de la víspera de la procesión: el Arreglo de la virgen. Esto ocurre tarde en la noche, a puerta cerrada. La presidenta de la sociedad de la divina pastora de Santa Rosa, fundada el 28 de enero de 1968, con algunas jóvenes del pueblo que la asisten, es la responsable de acicalar a la virgen. En cada procesión del 14 de Enero estrena un traje, regalo de la persona que con esa entrega cumple una promesa.

Durante su visita a Barquisimeto el atuendo le es cambiado a intervalo de 10 a 12 días, preferiblemente cuando sale de los templos que tienen mayor jerarquía.  La colección de vestidos de la divina pastora es impresionante: tiene alrededor de 200 trajes, algunos de ellos importados. Para confeccionar uno se requieren 12 metros de tela, de los cuales la mitad se utiliza en el manto. El traje está formado por la falda, el delantal, la blusa y la pechera. El vestuario está guardado en grandes escaparates en un recinto especial detrás del altar mayor de la iglesia de Santa Rosa. La virgen tiene además otros accesorios, calzados, pelucas de larga cabelleras de pelo natural, corona, cayado, polvo, sombreros, blusas, cepillos, cojines y hasta un neceser donde se guarda los enseres utilizados para su arreglo personal.

Los vestidos del niño armonizan con los colores del traje de la virgen. Sus botines son siempre blancos, lleva medias, cadena de oro y una esclava. El 14 de enero, al amanecer, el tañido de las campanas anuncia que llegó el gran día. Por las calles de Barquisimeto comienza la Romería de los que van a Santa Rosa, caminando solo o en pequeños grupos, para asistir a las misas o a buscar el lugar más estratégicos en el camino que recorrerá la virgen y aguardan pacientemente el paso de la imagen llevada en andas. La gente se agolpa en la plaza para apreciar en toda su magnitud la salida triunfal de la virgen por la puerta de la iglesia. Cerca de las once comienza la procesión.  Sale del pueblo y por la cuesta se enrumba hacía la Av. Lara, su ritmo es rápido y ligero.

La gente la acompaña, “La caminata”, o la “Carga” si se tiene el deseo de hacerlo y además la suerte de ser escogido por el director de la procesión al cambiar “La Pega”. En este término se designa a la cuadrilla que va llevando en hombros a la virgen en su trono. El cambio de “La Pega” es una necesidad y una ilusión. Cargar a la virgen es una promesa, es un honor, una felicidad. El 14 de Enero los hombres tienen esa tarea. La virgen la lleva el pueblo como una masa ondulante. Hay promeseros que se meten bajo el mesón y soportan el peso sobre sus cabezas, plegarias, músicas y cohetes son su entorno.

No se consumen bebidas alcohólicas en las calles. La alegría que produce esa devoción a la Virgen pastora viene de adentro, es real, es compartida por centenares de miles de personas.

Una de las promesas es seguir a la virgen por todo el recorrido de unos ocho kilómetros desde Santa Rosa hasta la Catedral. Cuando la imagen pasa se van cerrando las calles desbordadas de gente. La actitud de esa multitud que se mueve mientras unos van y otros vienen es de recogimiento, no hay desorden, se siente la piedad, la creencia profunda, arraigada en el silencio  cuando la virgen aparece.

Esperar a la virgen, caminar a la virgen, pedir a la virgen, agradecer a la virgen: ésa es la consigna que se expresa en las invocaciones, las oraciones, los aplausos y las lágrimas.

Cuando entra a la Av. Venezuela, las distintas tarimas a lo largo se activan, la música en vivo sacude el ambiente anunciando que se acerca
Cuando entra a la Av. Venezuela, las distintas tarimas a lo largo se activan, la música en vivo sacude el ambiente anunciando que se acerca

La primera parada de la virgen es ante la Cruz Salvadora en la Plaza Macario Yépez. Allí va llegando la procesión como a las dos de la tarde. Es recibida por las personalidades que en sus palcos han estado aguardando por varias horas. Se pronuncian discursos y se le canta porque la virgen tiene su música. La Orquesta Mavare y muchos otros conjuntos le tocan balsees y bambucos a lo largo del trayecto. A veces la bailan, “La Pega” la mese suavemente de un lado a otro, arrullándola, entre aplausos cerrados en una sola exclamación “¡Viva la divina Pastora!” de allí la procesión sigue por la Av. Moran hasta llegar a la Av Venezuela, la más ancha de la ciudad, con seis canales de circulación central, dos de circulación lateral y amplias aceras que sin embargo no son suficientes para contener la multitud.

Cuando entra a la Av. Venezuela, las distintas tarimas a lo largo se activan, la música en vivo sacude el ambiente anunciando que se acerca, parsimoniosa, la virgen, el paso acompasado de aquella masa humana impresionante.

Al caer la tarde de un día luminoso, ya que, al decir de la gente “jamás llueve el 14 de Enero” la virgen se aproxima a la catedral. Los fuegos artificiales y los cohetes son la señal de su arribo. Una vez instalada en un atril cerca del altar mayor, se celebra la misa.

Con la puesta del sol y al finalizar los actos los devotos se retiran a sus hogares en pequeños grupos. En la catedral la procesión termina, pero los días subsiguientes y durante casi tres meses, de acuerdo a un candelario establecido la Virgen visita las diferentes parroquias de la ciudad, en pequeñas procesiones que la van llevando de una iglesia a otra.

Es esas pequeñas procesiones entre parroquias el director guía  a los cargadores y anuncia el cambio de “ La Pega” los devotos aprovechan la ocasión para llevarla sobre sus hombros, se ven mujeres de todas las edades en la conformación de “La Pega”, se forman los turnos integrados por grupos de personas, pequeñas, medianas o altas. Cargarla es un privilegio, es un honor, pero con solo verla y tocar su vestido se reconforta el espíritu y se renueva la esperanza.

En las procesiones existe un personaje esencial: el hombre de la barra, que levanta los cables del tendido eléctrico y las ramas de los árboles al paso de la virgen.

El regreso de la imagen a su iglesia en Santa Rosa tiene lugar el sábado que antecede al domingo de ramos. Hermosa y muy bien arreglada sale del templo de Santa Elena, ultima parada, en la tarde después de almuerzo. Al compás de “Hendrina” famoso bambuco de Napoleón Lucena, baja por la calle que conduce a la plaza del pueblo, donde es recibida por conjuntos musicales y cohetes, mientras los Santarroseños, llenos de regocijos le dan la bienvenida.

La comitiva de celadores o cuidadores que la estuvo escoltando durante el tiempo que estuvo en Barquisimeto, gente de todo oficio, cumplida su misión se prestan a regresar a la cotidianidad de sus vidas. El día de regreso de la Virgen a Santa Rosa, Barquisimeto queda triste porque tuvo que decir a dios a su patrona.

En enero de 2016 se cumple 160 visitas. Cada una de ellas reafirma la tradición más perdurable que tienen los barquisimetanos.

Roberto Valecillos

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